Acerca del autor
Me llamo Jaime y tengo 39 años. Nací en Galicia, pero desde muy pequeño el cambio de ciudad fue una “extraña” costumbre familiar.
Tras mi paso por 4 comunidades autónomas, 6 provincias, 7 ciudades, 5 colegios y 3 institutos comencé los estudios de derecho. Mi vocación era otra, pero en aquel momento primaron más otras razones de peso para tomar aquella decisión. Esta decisión me acompañó durante 4 años por los pasillos de la facultad, mientras lo que yo consideraba mi vocación se hacía cada vez más grande en mi interior hasta que un día explotó.
Dejé los estudios de derecho y me fui a Londres, como muchos otros ingenuos españolitos, pensando que aquello me serviría para mejorar mi inglés. De aquellos meses me quedo con la experiencia, pues el inglés, tal y como mejoró entonces volvió a empeorar con el tiempo por la falta de práctica y, por qué no decirlo, una base bastante débil (que le voy a hacer, yo soy de esa generación cuyo profesor de Inglés era un cura Salesiano de Valladolid que en su vida había salido de la península ibérica).
A la vuelta de Londres por fin pude perseguir mi sueño, me instalé en Madrid y en 5 años obtuve el título de Graduado superior en Marketing y Comunicación con varias matrículas de honor y premio al mejor expediente en prácticas (sabía que era mi única oportunidad para dedicarme a lo que quería y tenía que aprovecharla).
Durante los 5 años de carrera no dejé de realizar prácticas y becas que conseguía a través de la escuela. La mayoría de las becas eran en departamentos de marketing, pero al enterarse que tenía conocimientos de diseño de páginas web, en una época en la que Internet estaba al alcance de muy pocos, no fueron pocas las empresas en las que me apartaron de las funciones de marketing operativo para diseñar o administrar sus páginas web.
Poco a poco me fui formando y especializando en nuevas tecnologías, hasta acabar como responsable de las áreas de soporte y formación en una de las principales plataformas de comercio electrónico de nuestro país. Allí estuve durante 8 años, y la verdad, la experiencia fue muy positiva en todos los aspectos, pero el sentimiento de haber cumplido una etapa en mi trayectoria profesional llamó a la puerta, justo en el preciso momento en el que pasaba por delante la propuesta de un amigo de poner en marcha un proyecto propio, y como siempre he sido de los que piensan que “es mejor arrepentirse de lo que se hace, que de lo que se deja por hacer“, no sin haberlo pensado mucho (y por lo que veo ahora, no lo suficiente), decidí tomar ese billete, salir de la empresa en la que había estado trabajando durante 8 años de mi vida, en la que estaba bien valorado y reconocido, y aventurarme en una nueva experiencia: montar una pequeña agencia de publicidad de servicios integrales con un amigo.
Por aquel entonces todo era perfecto: muchas ideas, mucha ilusión, muchas ganas. ¿Perfecto? Pues más bien no, había un “pequeño” problema en todo esto: por mucho que se trataba de minimizar por algunos, la gran bestia llamada crisis ya había llegado y había venido para quedarse.
Estuvimos más de 2 años intentando sacar la “criaturilla” adelante, luchando contra el recorte de los presupuestos en marketing y publicidad, contra el temor a invertir, contra la subida del IVA, contra la quiebra de las empresas, contra los impagados, … pero las cuentas no nos salían, y lo que tanto nos temíamos un día sucedió: el negocio no terminaba de arrancar y no nos quedaba más remedio que echar el cierre a la empresa.
Durante estos dos años en la empresa estuve tan sólo como socio, ya que teníamos que minimizar los gastos al máximo para poder salir adelante, y para poder vivir estuve recibiendo la prestación por desempleo. Los dos años de prestación terminaron en Julio y ahora, tras el cierre de la empresa, estoy sin trabajo, sin prestación y con un camino muy complicado y oscuro por delante. Gracias a Dios no tengo hipoteca, no porque ya la haya pagado, sino porque nunca he tenido casa que hipotecar. Lo cual que quieres que te diga, tal y como estoy lo agradezco, que yo para mis cosas soy muy mio, y no creo que llevase nada bien eso de “regalarle” la casa al banco (y encima seguir pagándoles).
En septiembre tenía que haber sellado la demanda de empleo en el INEM, pero me confundí de semana y cuando fui ya me habían dado de baja. En los dos años y pico que estuve apuntado en el INEM no me llamaron ni a un solo curso, ni para una sola oferta de empleo, así que no sé si servirá para mucho más que para ser uno más en las cifras (si oyes que el número de parados ha bajado en el mes de septiembre, hay al menos un desempleado que no es que haya encontrado trabajo, es que le han dado de baja por retrasarse una semana en ir a sellar), pero este lunes voy a volver a apuntarme al INEM y voy a intentar sacarle el máximo partido, a ver si realmente tiene alguna utilidad o se podría sustituir por un banco en el parque.
Y por el momento esto es todo. Intentaré ir relatando en este blog (siempre que se pueda con algo de humor) mi experiencia y mis reflexiones del trabajo más duro y difícil de todos:
“el duro trabajo de encontrar empleo”
Calendario
| L | M | X | J | V | S | D |
|---|---|---|---|---|---|---|
| « oct | ||||||
| 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | ||
| 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 |
| 13 | 14 | 15 | 16 | 17 | 18 | 19 |
| 20 | 21 | 22 | 23 | 24 | 25 | 26 |
| 27 | 28 | 29 | ||||
